Sé que me diréis que hay que tener muy mala leche para andar dos meses desaparecida y volver en pleno mes de julio blandiendo una bata de forro polar. Pero es que, aunque vivo en la meseta, soy del norte, donde pasan el verano durmiendo con manta y presumiendo de rebequita, y tenía que dar la talla.
Es un excusa perfecta para volver a la carga presentándoos el trabajo de Elisa, una bata calentita y cómoda para su abuela.
"Mi madre llevaba tiempo diciéndome que quería tener una bata de andar por casa,pero no le gustaba ninguna de las que veía. Ella dice que para las señoras mayores y algo rellenitas, siempre hacen estampados feos o colores apagados.






